Conversando
Una pequeña alteración en el patrón
rítmico—golpear
el redoblante más fuerte o más suave, marcar algunos
golpes más y suavizar otros, agregar un golpe, descontar otro,
introducir el bombo, retirar el bombo—modifica por completo
el paisaje sonoro. Los tambores pueden ser increíblemente
sutiles. Alteraciones muy simples traen consecuencias enormes—con
muy poco se puede decir mucho, se puede subrayar una frase del teclado
o disminuir un acorde de la guitarra, es posible estar de acuerdo
con
una melodía u oponerse a ella, matizada o radicalmente. Con
golpes bien puestos se puede introducir un nuevo canon, marcar la
pauta, poner los puntos sobre las íes. El ritmo es un soporte,
los tambores pueden estructurar la conversación, ser su vehículo,
pero pueden también retirarse y hacer parte de la ornamentación,
viajar en el asiento trasero. La conversación musical esta
llena de posibilidades, se mueve en un espacio de muchas dimensiones.
Rotación
Hace poco soñé que tocaba guitarra. Solemos
rotar los instrumentos y tener la experiencia de mirar el conjunto
desde varios ángulos,
aunque, claro, el conjunto cambia cuando se altera el orden de los
elementos. El Moog tiene mucho potencial rítmico (melódicamente
me siento impedido, pero Tupac explota muy bien las posibilidades melódicas
del Moog) y la guitarra la capacidad de llenar el espacio. Es fácil
que el efecto se salga de madre y termine por saturarlo todo, que el
conjunto completo termine en aúllo compacto. Se conoce más
al otro cuando se lo ve pasar por los instrumentos, más caras
de su expresividad: Mauricio trabajando en miniaturas del micrófono
de contacto, Tupac galopando en la batería.
Práctica
En el largo tiempo desde que empezamos a tocar han pasado
temporadas largas sin que nos reunamos. Ha pasado que después
de una pausa muy larga nos volvemos a encontrar y tocamos cosas increíbles,
más allá de lo que todos, creo, habríamos podido
esperar. Es en parte porque la cabeza está lista, ha ido acumulando
lo suyo en el receso, y también porque conoce y sabe evitar
aquello que las manos no alcanzan
Pablo